BALAM RODRIGO
Nació en Villa de Comaltitlán, Chiapas, México, en el año de 1974. Exfutbolista, diplomado en teología pastoral y biólogo. Ha publicado cinco títulos de poesía: Hábito lunar (Praxis, México, 2005), Poemas de mar amaranto (Coneculta-Chiapas, México, 2006), Libelo de varia necrología (GDF, México, 2006), Silencia (Coneculta-Chiapas, México, 2007) y Larva agonía (IMC, México, 2008). Profesor de Bioética, Religiones y Tradiciones de la muerte en México.
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XXXVIII.
[No aún vencido, a pesar del excremento, a pesar de las avispas desnudas, a pesar de la furia que cabalga en el jaguar para aprender su rugido, muy a pesar de sus manchas diluyéndome en ésta ennegrecida tinta, brebaje de la noche orinando letras de mí, inútil escritura. No aún vencido, a pesar de mi mueca deslenguada, a pesar de las férulas que sostienen, a penas, el aire roto.]
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A lo lejos, el amante de Kervala
Gime por amor
Bajo los astros olvidados
De la noche,
Los niños ciegos de Da Ňang
Ríen a carcajadas
Mientras arrancan alas
A los pájaros de octubre,
Y el mulato gris del Mato Grosso
Llena con rocas de sal
La boca de un jaguar ungido
De muerte.
Dijo el anciano de Corinto
Bajo el almendro:
Si pudieran volver de Ítaca
Los barcos,
Y los huesos del águila
Crecieran nuevamente en nuestros brazos,
Entonces,
Volveríamos a ser hombres.
De Larva agonía (IMC, México, 2008)
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MADAME LA LOCA Y SUS NOCHES GÁTICAS (fragmentos)
El sílex de su boca abre las plumas y los pechos de exquisitos cardenales. El viento arrastra los huesos, las hojas, las prístinas cadenas de la edad entumecida.
Inicia gatopías el corazón y la ciudad pregona el filo que al ojo de la noche sólo empieza.
Dobla la voz y las campanas se marchitan. La herrumbre dorada que desprenden las flores del ciruelo tiene su música en mis ojos y mi oído.
Babélico es el trajinar de los gatos que recorren la cama donde se ovilla mi sueño. Entre cardos, escucho a Madame, La Loca:
“Eres el ahogado y resucitas para espetar la roca oscura, para redimir al herrumbrado corazón felino, para escaldar la lengua elegida por las hordas del silencio…”. Abro los ojos, y una almendra me ciega la garganta. Escupo el minúsculo terror hacia los llanos de la noche:
Un rojísimo gato palpita en la ventana.
Ciudad. Sola extensión del odio y la tristeza de los animales sin luz. Cordón umbilical del polvo que nos une a la placenta del deseo. Pureza del vértigo y el fuego. Dama de los pájaros de la sed. Negra flor cuyos frutos sin destino crecen en los huertos de la fiebre. Atroz y vacua porque ni las calles, ni los sueños, ni los gatos que ejecutan su música, pueden domesticarse. Ciudad. Bestia oscura del corazón que se alimenta de las sábanas ensangrentadas y de los desperdicios del dolor bajo la inmóvil liturgia de la nieve.
De Libelo de varia necrología (GDF, México, 2006)
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Silencia (fragmentos)
Íbamos a cortar mangos con la paciencia de los que ya no respiran y nos hartábamos de los pequeños soles hasta escaldar el tiempo y la memoria: Luego nos acostábamos en la arcilla para escuchar cómo la fruta subía de las raíces a las ramas, para sentir cómo la miel se acurrucaba entre los mangos y para saber cómo en nosotros, Silencia, bajo la misma cáscara, la muerte maduraba su fruta amarga.
¿Para qué las libaciones del ojo, para qué beber daguerrotipos y paisajes, para qué la inmensidad del mar y la infinita hondura de las aguas si el hórrido pez de los abismos no es sino un gambito ciego en un apocalíptico mar ciego? ¿Qué es lo que escribes en el agua, Silencia? : «Verdadera luz es la del tacto, verdadera luz es la del tacto…»
De Silencia (Coneculta-Chiapas, México, 2007)
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[graffiti nómada ]
ebria de perros , muerde la noche
con mandíbulas de vidrio la ciudad ,
las calles , la muerte ; fluye en silencio
la sangre almibarada de los signos
en nómadas lienzos que son muros :
decapitada luz que cifra sur
en olvidados , muertos trenes ;
agonizante magma que mana
de las casas y sus cántaros
de insomnio — luciérnagas baldías —
duerme a lo lejos , un puño de ciudad ;
orlan el cielo fugitivo las llagas
de la noche : leprosario infinito
que guarda el dolor y su pezón
de nadir ; ( un perro y su latido
lamen la yerba oxidada de mi sombra ) ;
orina la escritura oscuridad
en la garganta de los ángeles ,
vierte su leche negra en los linderos
de la página : su palimpséstico
aerosol , hace la noche ;
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[ antiícaro ]
antiícaro, no quise yo volar , sino caer ;
por eso escribo , para dejar de soñar ,
para dejar el vuelo a los pájaros
y a la memoria ; pero heme aquí
con luengas alas urdidas en el polvo
del sueño y ataviadas con el plumaje
del tiempo sin el tiempo ; por eso escribo ,
para caer y apuntalar con estas letras
mi cuerpo y forzarlo a descender
en esta página , tatuada ya por el peso
todo de mi sangre ; y así , desleído
y cercenadas mis alas con el filo
de tus párpados , yace mi cuerpo
desangrado entre renglones , caído ,
terrestre , soberbio ; y aún señalado
por el dédalo de Dios y la niña de tus ojos
que trazan mi destino , antiícaro ,
no quieres tú volar , sino leer ;
De Icarías (en prensa, México, 2008)
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Nació en Santiago, Chile, en el año de 1979. Sus libros de poesía editados entre el 2001 y el 2003 aparecen reunidos en [guión] (LOM: Stgo, 2008), que es el primer volumen de su trilogía La Divina Revelación; [coma] (MANTRA: Stgo, 2006) es el volumen siguiente y reúne su trabajo poético del 2004 al 2006. Además han aparecido los siguientes libros recopilatorios de su extensa obra: Putamadre (Zignos: Lima, 2005); Ay de mí (Ripio ediciones: Stgo, 2006), La poesía chilena soy yo (Mandrágora cartonera: Cochabamba, 2007), Segunda mano (Zignos: Lima, 2007), A 1000 (Lustra editores: Lima, 2008), Livro Universal (Selo Demônio Negro: Sâo Paulo, 2008, en portugués).
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Declamar
Ni mujer ni hombre
me siento doblegado a la ternura de ella
y a la virilidad de él
en medio de ambos escribo
enamorado de la complicidad y el camarada
con el cual bajo la noche
tintineamos los huesos junto a los pájaros
que ponen trampas al deseo y la hendidura
En este sentido el Amor va más allá de lo físico
pero más acá del placer
y quizá sea una sola cosa con la amistad y el arte
es decir el amor a veces calienta
en especial cuando comienza o se sabe que va a terminar
ya no sé cuánto confío en él
porque exige propiedad capitalista
y el mercado lo ha convertido en un corazón pintado de rosa
la Amistad es mejor
nadie se da cuenta como llega a excitarse
con ciertos gestos o palabras
en una playa una fiesta o una fría sala
además todo queda como un pacto de amigo
y nadie se hace mayor problema
por último
en el Arte
uno puede ser un monstruo
y siempre habrá alguien que le gustó lo que escribes
y quiere quedarse contigo
nunca faltan los flaquitos tiernos
o lo que para Alan son las gorditas agradecidas
La poesía tiene su público
y los que se lamentan son cobardes
o están deslumbrados con el éxito
todos escribimos desde la necesidad y el hecho de estar solos
y cuando alguien se calienta con eso
se rompe el círculo vicioso y al frote
Nada más exquisito hay que después de una lectura
se acerque un chico a hablar cualquier cosa de la poesía
y terminar con él en el horizonte de la habitación
donde fueron escritos esos poemas que tanto le gustaron
al amanecer se irá y el uno podrá dormir un rato
pero al despertar los ojos llenos de lágrimas
pues en ellas están todas las ganas
de irse con ese muchacho
pero nunca es así
Un poema dura una sola noche
nada más
un libro puede ayudar para que él
no olvide tu nombre
porque casi siempre regresan donde sus hermanas carnívoras
a desentenderse del oficio de la literatura
y todo lo que ha significado
el culo blanco que es el libro mismo
el beso de los testículos
y la Vía Láctea
Las palabras suelen quitarle muerte a las cosas
a la vida misma
y nada tiene que ver con la propiedad
pues no son de nadie pero tampoco son mías
así como el río o las nubes
entran en el mar o a la noche
uno quisiera morirse dentro de alguien
siguiendo las señales del camino
que apuran o reducen la velocidad
para perderse en lo profundo de una piel
más suave que una pluma
que lleva donde uno no sabe
que también puede irse
Escribir
entones
es más que unas íntimas preguntas
o un montón de pajas mentales
tiene que ver con convertirlo a uno en primo de sus lectores
y hermano con el que de ellos te acuestas
la poesía invierte los papeles
y perder significa perderse con alguien
emocionado y dispuesto
a amarlo solo una noche pero necesitarlo al día siguiente
porque los cuerpos se quedan en uno
y al escribir todo se aleja
con las ganas no cumplidas de que los poemas
entren en la boca y no vuelvan a salir
***
El Fin Del Tiempo
Escribo cada palabra como si fuera un oráculo
una predicción para el Libro de los Muertos
o para un capítulo de la Biblia
que no hable de asesinatos e idolatría
de algún modo el Laberinto es también
un libro cuya entrada es la misma salida
y descifrar su secreto es quedarse a vivir allí
como si se tratase del cuerpo del amado
antes de matarlo con el filo de una mirada
y no arrepentirse
Leer ahora a Homero por ejemplo
es ver una película que nunca se acabe
ciudades vueltas polvo y ceniza
amores y sus criminales coitos
miedo y dolor pues
todo mito es un lugar común el día de hoy
y los lugares comunes son una forma de hablar
de la muerte pero sin nombrarla
por eso todo cementerio es un libro y un laberinto
tal como lo es el océano el cielo
y el cuerpo hermoso del amigo antes de la traición
que significa enamorarse
pues allí ya no hay nada más que las ganas de
morirse juntos
como si acaso ese efímero adversario no fuera más que uno mismo
Beberé todo el día y al anochecer
saldré a cambiar los poemas escritos por botellas de cerveza
que también quedarán inéditas porque ya no las recordaré
se esfumarán como un espejismo
en un baño húmedo y sucio
donde un muchacho te guiñará un ojo
y no querrá saber nunca cuál es tu nombre
más tarde las estrellas veremos por última vez
y habrá que seguir olvidando
Los poemas desean al cuerpo de su arte
necesitan esta vida
que se escapa sorbo a sorbo
noche a noche incontables
y más allá de estos instantes que no volverán
se presiente el fin
como un recuerdo para después de mi tiempo
este poema
***
El Cuerpo Del Deseo
Si no es delito el deseo es fascismo
dice porque no puede dormir
y el Diablo ha venido a meterle cosas en la cabeza
como que su madre le pide al cielo
que mejor se lo lleve de una buena vez
antes de que terminen de romperse
los últimos pedacitos de corazón que le quedan
oye también la voz de los centinelas que le dicen:
“En cinco años escribiremos mejor que tú”
Entonces toma el lápiz y escribe lo primero
que se le viene a la cabeza
si no es delito el deseo es fascismo
y los centinelas responden:
“Maricón culiao
cómo te gusta el poder”
él deja de escribir y prende la radio
pero es de madrugada y sólo se oye clásica música
termina de desnudarse y se masturba
al compás del nocturno
su semen es de color azul
y los centinelas mentales se ríen
de que parezca una serpiente
“Estás envenenado” musitan
“ya no volverás a escribir nunca más”
se queda en silencio y toma el lápiz nuevamente
comienza un poema
si no es delito el deseo es fascismo
No puede conciliar el sueño
tiene mucha sed
y pánico a moverse más allá de su cama
porque el Diablo lo quiere clavar
a una cruz de espinas
y luego prenderle fuego con todo el alcohol
que hay en su cuerpo
y hacer incienso de las drogas metidas ahí
los centinelas lo insultarán:
“Así quemaremos tus libros
y nadie te recordará”
El terror a que el fascismo siga triunfando
lo tiene desesperado
porque es más inteligente que él
y lo acorrala a su propia sombra
“Nunca saldrás de esta habitación”
le dicen al oído los centinelas mentales
Aún no estoy muerto pensó
pero desistió en la idea
recordó que hoy es el día del padre
“No tienes padre y es de noche
tampoco tienes ni un peso
ni nadie que te quiera ver llorar”
Todos duermen
su hermana su mexicano
la noche empieza a guardar sus secretos
para marcharse lentamente
toma su libro y ojea sus poemas
se pregunta de qué le sirven ahora
Su mano derecha es su almohada
y su columna su colchón
escribió como si fuera delito
y lo celebraron lo aplaudieron
muchachos hermosos y fantasmas
ambos comparten la idea
de que el cuerpo con los cinco sentidos alertas
es más burlón y despectivo
En unas horas empezará a sonar el teléfono
y recién podrá dormirse
luego le darán noticias sobre unos premios literarios
aparecerá su libro reseñado en el diario
y alguien borracho querrá acostarse con él
pero nunca terminará ese poema que comenzaba
si no es delito el deseo es fascismo
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Las habitaciones de abril
(de Los Pasos del Visitante)
1
Es el calor una espuma rijosa, lengua de la noche emboscada en su pedestal salitroso.
Apagadas vértebras del cielo, las apenas estrellas.
Él y el equipaje como brazo derecho; Ella cansada, mientras las niñas de sus ojos sueltan en la atmósfera pesada sus palomas rotas.
En el primer hotel hallado, la piel arde su Troya.
2
La carne es una hoguera elástica.
Inventario de flexibilidades, de vapores certeros, de pelos escondidos, es el cuerpo amado y perseguido a lo largo de los kilómetros de cuerpo que se extienden en la cama.
La muralla de piedra del malecón.
Las aguas golpeteando rítmicamente.
3
Él abre la ventana:
Mira de frente al ojo de la noche pudriéndose.
Cierra la ventana.
El calor que se ha colado es tan denso que la palabra cuchillo (pensada o caída de los labios del hombre) podría cortarlo en gajos.
4
Ella abre la ventana:
Calabozo febril donde las putas, parpadeos de la lujuria, desenvuelven su oficio: rima de grillos atemperados.
5
Nadie abre la ventana:
Afuera crece el mundo con la mirada ausente.
6
El fuego está de incógnito. El aire finalmente ha perdido la sangre. La tierra es un tránsito inefable. El agua tensa las cuerdas en su secreta avanzada. La garganta rompe en sonido que un beso apaga… encenizado.
7
Es negra la voz de la luna pero, aun así, canta.
8
¿Qué dioses, a lo lejos, lavan sus sábanas?
9
La noche bosteza las primeras llamaradas de un sol veraz.
10
Él abre la ventana:
Los gallos arponean el aire con su canto.
11
Ella abre la ventana:
Picotean gorriones los estandartes de la luz.
Ella acaricia el día con sus pestañas, ella saluda al día con los búhos del sueño ramoneando en sus pestañas.
12
Medio día. El calor es un reloj sin cuerda. Un astro es su péndulo detenido.
13
Algo se abre a lo lejos.
Prodigio.
Incertidumbre.
No se sabe si el ojo inventa al mar
o es el mar, azorado, el que imagina.
14
Él es un castillo de músculos enjutos y huesos obstinados. Ella es una arcilla donde ensayan los dioses sus primeras desnudeces.
La ola que los moja es el aval de estas palabras.
15
Él intenta un gesto de alargarse, líquido, hasta el cuaderno. Gesto vano. Para las musas siempre hay otros planes.
16
De pronto se intuye que es el mar la palabra contenida de las aguas, el acertijo cuya respuesta es todo (el verdadero enigma es la pregunta: ¿Qué quiere, el mar, que le digamos?).
17
Conforme avanza la tarde, Ella queda un poco más desnuda. El cielo ruboriza su más secreto rostro. Pasa volando la palabra gaviota y Él siente su aleteo.
Vienen pequeñas migraciones, territorios de carne enfebrecida.
18
Ella escribe en su cuaderno: un fósforo encendido es un insecto voraz podando la fronda de las tinieblas. Esa es una acción que se repite para siempre. La eternidad va de la voracidad del insecto hasta su saciedad misma.
19
Él pregunta: ¿Qué caso tiene el mar?
Ella no contesta. El mar ondula.
20
Él conjura las pequeñas deidades cotidianas del fuego, enciende un cigarrillo, escribe en su cuaderno: afuera el mar anda dando tumbos con su borrachera de siglos.
21
Él y Ella se miran. Invisibles arañas ovillan sus miradas. Él y Ella se tocan, su piel habla el lenguaje de los ciegos.
Las venas son relámpagos por donde bajan, desbocados, los caballos, ligeros e imprecisos, de la vida.
22
Ella blande unas palabras en el aire. Ella sablea unos gestos donde crece una distancia grande como la pirotecnia de las palmeras. Ella esgrime argumentos sin réplica. La espada del amor hunde sus filos apagados.
Las palabras son unas gotas de sangre que la noche vampírica asimila.
23
Un gato oscurísimo criba sus uñas de arena en el cuerpo de Él. Ella le regala sus palabras: guirnaldas florecidas que espolean sus carnes. Las sombras ya son aves que barajan sus alas en la mesa extendida de la calle.
24
Canta un gallo nocturno. En su garganta crece una flor antigua.
Con su canto convoca al tiempo dos veces madurado.
25
En la garganta del músico rompe un mezcal sus astillas de amor y de infortunio. Un recuerdo sonajea sus semillas atemporales. El árbol que veo ahora esconde cualquier asomo de lucidez; es el árbol que la borrachera desdobla en mi equilibrio, dice Él a la puerta que continúa abierta como una sonrisa que un mal ebanista empotró en el muro.
26
Ella duerme. Sueña un mar debajo de sus párpados. Él sabe que su sueño predica ya el naufragio.
27
El mar también es tránsito.
Gota de sudor. Claro amante.
28
Él espera el golpe del oleaje del alba. Crece un desierto minúsculo en su cuerpo. Su boca es la palabra más árida. La resaca tiene un nombre lleno de grietas.
29
El mar clava sus ojos, meduseos, en el hombre. Revienta por la playa el caudal de la pérdida. Cierne el mar su lágrima en oleaje.
30
Todo azul. Todo oleaje.
Es de pronto la playa toda, solo Él y su cuaderno.
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REINALDO MONTERO
Reinaldo Montero nació el 15 de abril de 1952 en la actual provincia de Cienfuegos. Es licenciado en Filología en la Universidad de La Habana.
Ha recibido auspicios y becas de instituciones como el Goethe Instituto, el Kulturreferat de Munich y la Fundación Alejo Carpentier.
Cursó el Taller de Guiones, impartido por Gabriel García Márquez en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba).
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Libros Publicados
de Narrativa
Bajando por calle del Obispo, Editorial Boloña, La Habana 2008.
La visita de la Infanta, Editorial Letras cubanas, La Habana 2005 · Editorial Doble J, Sevilla 2007 [Premio «Alejo Carpentier» 2005, «Premio de la Crítica» 2006].
Música de cámara, Editorial Letras cubanas, La Habana 2004. · [publicado como As afinidades] Editora Companhia das letras, São Paulo, Brasil 1999.
Misiones (Septeto habanero volumen III), Editorial Letras cubanas, La Habana 2001 [«Premio de la Crítica» 2002].
Trabajos de amor perdidos, Ediciones Vigía, Matanzas, Cuba 1997 [Premio «Juan Rulfo» 1996].
6 mujeres 6 [edición bilingüe español-portugués], Editora Pensieri, São Paulo, Brasil 1994.
El suplicio de Tántalo (otra vez), Ediciones Unión, La Habana 1994.
Fabriles (Septeto habanero volumen I), Editorial Letras cubanas, La Habana 1988.
Donjuanes (Septeto habanero volumen II), Editorial Casa de las Américas, La Habana 1986 [Premio «Casa de Las Américas» 1986]. · Editorial Letras cubanas, La Habana 2006.
de Teatro
Liz, Junta de Castilla y León, España 2007 · Editorial Alarcos, La Habana 2008 [Premio «Fray Luis de León» 2007].
La violación, Editorial Alarcos, La Habana 2004.
Concierto barroco [basada en la novela homónima de Alejo Carpentier con la colaboración de Laura Fernández], Editorial Alarcos, La Habana 2004.
Rosa Fuentes [basada en la novela Un mundo de cosas de José Soler Puig], Editorial Oriente, Santiago de Cuba 2003.
Fausto, Editorial Letras cubanas, La Habana 2003.
Los equívocos morales, Editorial Letras cubanas, La Habana 1999 [Premio «Castilla-La Mancha» 1992].
Medea, Ediciones Unión, La Habana 1997 [Premio «Italo Calvino» 1996, «Premio de la Crítica» 1997]. · Petrilli Editore, L’Aquila, Italia 1998.
Historias de Caracol (incluye Aquiles y la tortuga, Una clase magistral, El último cuadre y Breve e infinito coloquio de dos babosas sin caracol), Editorial Letras cubanas, La Habana 1994.
Memoria de las lluvias, Ediciones Unión, La Habana 1989.
Con tus palabras, Ediciones Unión, La Habana 1987 [Premio «David» 1984].
de Poesía y Ensayo
Manera de ser Sófocles [ensayo sobre Abelardo Estorino], Editorial Letras cubanas, 2004.
Sin el permiso de Mussorgski [Poesía], Ediciones Unión, La Habana 1992.
En este café de Ronda [Poesía], Ediciones Giner de los Ríos, Ronda, España 1992.
En el año del cometa [Poesía], Editorial Letras cubanas, La Habana 1986.
Otras Publicaciones
Cuaderno de dramaturgia No. 5, Ediciones Celcit, Caracas, Venezuela 1994.
Cuaderno de Lectura No. 58, Ediciones Unam, Ciudad de México 1989.
Aparece en antologías de cuentos y de obras de teatro, tales como Kubanische Theaterstücke, selección de Heidrum Adler y Adrián Herr, Vervuert Verlang, Frankfurt am Main 1999, Cuentos de cine, selección de José Luis Borau, Editorial Alfaguara, Madrid 1996, Remaking a Lost Harmony (Stories from the Hispanic Caribbean), selección de Margarite Fernandez Olmos y Lizabeth Paravisini-Gebert, White Pine Press, New York 1995, A labbra nude (Racconti dall’ultima Cuba), selección de Danilo Manera, Feltrinelli Editore, Milano 1995, Der Morgen ist die letzte Flucht (Kubanische Literatur zwischen den Zeiten), selección de Thomas Brovot y Peter B. Schumann, Edition dia, Berlín 1995.
Poemas, cuentos, fragmentos de novela, obras de teatro, artículos y ensayos han aparecido en publicaciones periódicas cubanas y extranjeras.
Obras De Teatro Estrenadas
La violación, Dir. Pedro Vera, Grupo Teatro D´Sur, Matanzas 2006.
Desesperados, Dir. Carlos Pérez Peña, Grupo Teatro Escambray, La Habana 2004.
Fausto, Dir Julio César Ramírez, Compañía Teatro de Dos, La Habana 1999. · Dir. Leila Bretón, Compañía Teatro Milagro, Portland, EE.UU., 2002.
Medea, Dir. Abelardo Estorino, Compañía Hubert de Blanck, La Habana 1997. · Dir. Claudio Di Scanno, Gruppo Drammateatro, Popoli, Italia, 1998.
Los equívocos morales, Dir. Javier Fernández, Grupo Teatro Escambray, La Habana 1995.
Concierto barroco [adaptación de la novela homónima de Alejo Carpentier con la colaboración de Laura Fernández], Dir. Raquel Revuelta, Grupo Teatro Estudio de Cuba, Cádiz 1992.
Fabriles [versión de Rafael González], Dir. Carlos Pérez Peña, Grupo Teatro Escambray, La Habana 1991.
La noche del Pinto, Dir. Pedro Vera, Grupo Teatro D´Sur, Matanzas 1991.
Aquiles y la tortuga, Dir. Silvano Suárez, Compañía Teatro Nacional de Cuba, La Habana 1989.
Guiones De Cine Filmados
El encanto del regreso, 35 mm., ficción 90′, Dir. Emilio Oscar Alcalde, productora Ecifar, La Habana 1992 [Premio «Caracol» en La Habana 1992, y del Festival de Cine de Bogotá 1993].
Bajo presión, 35 mm., ficción 90′, Dir. Víctor Casaus, productora Icaic, La Habana 1991.
El vals de La Habana Vieja, 35 mm., ficción 90′, Dir. Luis Felipe Bernaza, productora Icaic, La Habana 1989.
Premios
Internacionales (entre otros)
«Fray Luis de León » 2007, en España [por Liz].
«Alejo Carpentier de novela» 2005, en Cuba [por La visita de la Infanta].
«Juan Rulfo» 1996, que convoca Radio Francia Internacional y el Centro Cultural de México en París [por Trabajos de amor perdidos].
«Castilla-La Mancha» 1992, en España [por Los equívocos morales].
«Benalmádena» 1988, en España [por El arte de la fuga].
«Casa de Las Américas» 1986, en Cuba [por Donjuanes].
Nacionales (entre otros)
«Premio Nacional de la crítica» 2006 [por La visita de la Infanta], 2002 [por Misiones], 1997 [por Medea].
«Italo Calvino» 1996 [por Medea].
«Caimán Barbudo» 1985 [por Visitaciones de Emilio].
«David» (para autores inéditos), 1984 [por Con tus palabras].
Otros premios
En cine, El encanto del regreso obtuvo el primer premio en el Festival de Bogotá, y el Premio Caracol en La Habana.
Otras Labores
Ha sido jurado en certámenes nacionales e internacionales, incluido el «Casa de Las Américas» y el de guiones inéditos del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Ha participado en Ferias del libro y encuentro de escritores, ha hecho lecturas, dictado conferencias, y orientado seminarios y talleres de dramaturgia y de narrativa en Alemania, Argentina, Brasil, Bulgaria, Canadá, Colombia, Cuba, España, Francia, Grecia, Italia, México, Perú, Venezuela, en instituciones como El Colegio de México, El Ateneo de Caracas, El Centro Cultural Banco do Brasil, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba), la Feria del libro de Frankfurt, en universidades como la de Salamanca, North York (Toronto), La Sapienza (Roma), San Marcos (Lima).
Con el Grupo Teatro Estudio y con la Compañía Hubert de Blanck ha asesorado más de una treintena de obras de teatro, tales como Lisístrata de Aristófanes, Macbeth de William Shakespeare, Galileo Galilei de Bertolt Brecht, El precio de Arthur Miller, Aire Frío de Virgilio Piñera, Vagos rumores de Abelardo Estorino.
Además
Ha recibido auspicios y becas de instituciones como el Goethe Instituto, el Kulturreferat de Munich y la Fundación Alejo Carpentier.
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Paseo Ðel Malecón
Con el Malecón enorme, el mar oscuro y los ojos claros de Rosa, te has puesto lírico, te da por decir, oh Rosa, sin oh, aunque algo exclamativo, porque tu esperanza es que durante el paseo por el Malecón, con mar y noche cómplices, a los ojos de Rosa les dé por cerrarse para un beso.
Ah porque ellos son… Mejor sin ah. Rosa, lo de ellos tres es… Y aclaras que ellos son el Malecón, el mar y sus ojos. Y un-dos-tres un-dos-tres un-dos-tres bien valseado, y a elogiar los buenos andantes. Ocurrencia de utilidad dudosa. Es lo que en teoría y solfeo se llama aire. ¿Sabes, Rosa? Y qué importa si ella sabe o no sabe mientras siga a tu lado andando a paso de andante. Nunca en presto, Rosa, que el pobre presto es tempo infelice, en general, aunque en particular sea muy socorrido si de lo que se trata es de ir al punto B desde el punto A, porque es risoluto el presto, pero falso en el fondo, tirable por la borda, o por el oscuro Malecón, para que se ahogue en ese mar que ha mudado su azul para tus ojos. ¿Habrá salido más bolero de la cuenta? Triste destino del presto, Rosa, que a veces es giocoso e leggero, y hasta animato, aunque en definitiva solo sirva para no llegar tarde, por ejemplo, y marcar a tiempo, no a tempo, la entrada al trabajo, o recoger a los hijos, en caso de que haya hijos, y hacer que se bañen, que coman, que se acuesten, y que se duerman a tempo giusto porque mañana hay que despertar de un tirón più giusto ancora, cosas todas enajenantes, por tanto ajenas al Malecón, que exige un paso calmo, a ochenta corcheas por minuto. Y qué importa si ella tampoco sabe lo que es corchea o fusa y se nota confusa, ya Rosa disfrutará, más que sabrá, ya notará, más que creerá, por ahora que confíe. Confía, Rosa, porque los buenos andantes son la maravilla, como el beethovénico que aparece en el segundo movimiento de la segunda sonata para segundo violín y piano. No es velada invitación a un cuarto, que pudiera denominarse casa, para oír música denominada clásica, no, es algo largo e capriccioso de explicar. Lo que sí tiene explicación simple y corta es lo humano de andar a setenta y cinco corcheas por minuto, mejor que a ochenta. Como tirando a adagio, Rosa. Porque el día fue bajo calor forte e senza tempo, con apretujadera en ómnibus, resolana, y un sudar sobre sudores resecados. En fin, que no hay nada mejor para Rosa, para el azul de sus ojos, en día de bochorno sostenido, en noche sin frío ni fogaje, que caminar bordeando el muro del Malecón y mirar el mar, el simple mar en calma, cual una seda.
Y Rosa camina muy sedada mientras escucha decir algo con seda. Y entonces te da por acariciar su espalda, y Rosa se escurre. Así que la mano huérfana de espalda trata de disimular el fiasco, evita dejar el gesto trunco, describe un círculo abarcador. ¿Y qué abarca?
Tu mano abarca a los que pescan a sedal con ayuda de muchachos y latas que arman algarabía si algo pica, abarca a las mujeres de esos hombres, que traen algo de comer a sus maridos porque el sentido común les dice que aunque algo o nada pique, mejor es darles una vuelta, abarca a los enamorados que de pie cumplen el rito de mirar, él hacia la ciudad, ella hacia el mar, o que sentados en el muro, con las piernas colgando sobre el arrecife, se arrullan bien, para palparse mejor, o se recuestan, casi se acuestan, y conversan, sueñan, también duermen, abarca a los viejos que hablan solos porque saben que nunca hablarán a Dios un día, abarca a los escurridizos negociantes que en voz baja van pregonando mercancías tan divinas como escasas como humanas, o que se detienen para arreglar cuentas con el masetúo, el gran proveedor de lo que haga falta, de cuanto falte, y el masetúo poco escucha, le basta deducir con cara de póquer lo cierto o lo falso que hay tras par de frases claves, abarca a los homosexuales timoratos que se apenan de sentarse tan juntos en sitio tan erógeno, y evitan mirarse a los ojos si alguien pasa, abarca a los risueños pingueros y a las luminosas jineteras, ambos grupos compartiendo la avidez en la caza de turistas, ofreciendo, cada uno por su lado, o en acciones conjuntas, atractivos que no figuran en las guías, que el visitante o la visitante o ambos se dejen guiar, y que echen para alante algunos dólares, pocos, que tampoco exageren, abarca a los hombres que sacan a pasear a la familia, o que son arrastrados por mujer, niños, perro, y van en silencio, o chachareando, muy satisfechos con vida y mundo, pero envidiando a las parejas sin perros y con una historia de dos noches cuando más, abarca a una mujer sola que insólita pasea y no mira más allá del punto donde va a apoyar el pie en el próximo paso, abarca a un grupo de adolescentes que se mueven al influjo de una música hipnótica y ahora salen del hechizo colectivo porque hay que hacer una ponina para comprar más, y rápido agrupan el dinero, comparten confidencias, eligen emisario, que agarre por ahí, hasta el fondo de este muro sin fin, que allá encontrará de cuanto hay, incluso lo innombrable, y a unos pasos, otro grupo discute, ¿es el inicio de una bronca?, al menos alguien parece acorralado entre la espada y la pared, o entre el diablo y el hondo negro, y no, apenas sobrepasan la elocuencia de los gestos, y a ellos también tu mano los abarca, que ninguno de los lugares visitados por el más eminente de los marinos náufragos es tan reverenciable como el oscuro Malecón de La Habana, quizás porque en la naturaleza de las islas cabe la veneración al mar, a ese límite de las esperanzas, a esa obsesión por otra cosa distinta, y aquí está el Malecón, como quien dice un monumento consagrado a las ansias que empiezan y terminan en el mar.
Y en este punto, cuando casi has olvidado que caminas con una mujer de ojos claros a tempo di andante, Rosa se detiene, se coloca frente a ti, y cierra los ojos para un beso. Y la besas, y de pronto es como si se iluminara el cuarto denominado casa, sin música ni clásica ni ninguna, y el Malecón-mar-noche empieza a deslizarse hacia lo que ya no importa, y en prestissimo, no cual una seda, porque en la naturaleza de las islas cabe también una descomunal capacidad de olvido, si hasta las palabras que se van sucediendo en estas líneas, toman el rumbo de lo que ha dejado de importar, porque ya amaneció en tu cuarto, y Rosa acaba de levantarse de la cama, y da dos pasos, y desnuda instala los ojos, más azules que nunca, entre tu cuello y tu letra, o entre el diablo y el hondo blanco donde crecía un hombre que pesca con ayuda de latas, y su mujer no viene, era sabido que no vendría, y el hombre rabia y llora y maldice su desdicha más negra y vasta que el mar, y crecía una pareja de enamorados que se duerme, y hasta sueña con una habitación muy suya, de cama muy ancha, y el sexo resulta cómodo y fiero y dulce y cierto, si casi llegan a eyaculación y a orgasmo, y al abrir los ojos, el mar sigue igual de negro y el muro igual de duro y el resto de la realidad vuelve a instalarse donde siempre, y crecía un viejo que para de hablar cuando percibe que Dios ha tomado la palabra, y el horror le va copando el pecho, está convencido de que la vida no le alcanzará para escuchar hasta el final ese discurso que promete ser breve y al que seguirá un silencio más dilatado que el mar, y crecía un escurridizo negociante que de súbito le da por pregonar la mercancía a voz en cuello, no soporta más tanta intriga, tanto policía inadvertible, tanto progreso en la deuda interna e impagable con el masetúo que lo escucha, que olvida su cara de póquer, porque en este país de mierda es demasiado lo que no funciona para que venga éste hijo de puta a malear más el mundo, y se oyen dos sonidos secos, como de tablas que entrechocan, y es todo, el hombre sangra, ya no grita, sangra, y nadie hace nada, no aparece ni medio policía a lo largo de tanto muro y mar impávidos, y crecía una pareja de homosexuales que se besan, y no es rebeldía ni exhibicionismo, como pudiera mal entender un entendido, y sí deseo de besarse sin más, y ocurre el milagro, ningún paseante les dice ni pío, y vuelven a besarse, qué locura esta vidita nuestra, y otro beso, y así siguen hasta que cuatro muchachos fornidos como muros advierten la insolencia, y es la mar de golpes, hasta que uno de los homosexuales empieza a ensuciar el Malecón con su vomitadera, y el otro grita como si se hubiera muerto alguien, y los muchachones se alejan riendo, arreglándose las camisas, contándose ellos mismos lo que acaba de pasar como si fuese un chiste, y crecía un risueño pinguero y una luminosa jinetera frente a dos ciudadanos de ese país inmenso que se llama Extranja, es el final de la noche, noche de espléndidos servicios a dúo que los extranjeros pretenden pagar a mitad de precio, nunca entendieron que el coste era más alto, dicen, y la sonrisa del pinguero se esfuma, la luz de la jinetera se apaga, porque basta ya de que tomen a los cubanos por indios tercermundistas o comemierdas del otro jueves, y el pinguero saca un billete de cinco dólares, lo enarbola en mano bien alta y proclama a los cuatro vientos que ni él ni ella son muertos de hambre, que pueden mirarlo bien, es billete auténtico, y los extranjeros entienden cada vez menos, o así parece, pero acaban por pagar lo que deben, y la sonrisa vuelve al rostro del pinguero, la luz vuelve al pecho de la jinetera, y es ella la que da par de ardientes besos de despedida, pronuncia par de elocuentes frases de cariño, que hasta en las mejores familias hay sus dimediretes, y ella sabe que ellos saben lo que se pierden si se pierden, y la sonrisa del pinguero es más ancha que el Malecón, y la luminosidad de la jinetera amenaza con alumbrar el mar entero, y crecía un hombre que saca a pasear a la familia y al perro, y de pronto empieza a patear al perro, y lo sigue pateando mientras la niña llora, la mujer se lleva las manos a la cabeza, y el perro no muerde, ni huye, ni parece que guardará rencor, solo gime, y eso enfurece más al hombre, y allá va el perro volando sobre el muro, y el mar lo acoge, lo acuna, lo cubre, para que hombre, mujer y niña vengan cada uno por separado al Malecón, como esperando que el mar devuelva a ese pobre perro que fue tan bueno hasta el final, y crecía una mujer que insólita pasea, y se detiene, regresa sobre sus pasos con premura, ya sabe cómo hacer lo que debe hacer y dónde hacerlo y qué poner en la nota que dejará gracias a la oscura sugerencia del Malecón, a la clara insinuación del mar, y crecía un muchacho que parte con el dinero de la ponina en busca de lo ansiado, y va hacia el fondo del muro, y por allá se pierde, y no regresa, y lo más misterioso es que una semana después se le escucha hablando por una radio de Miami, y a nadie había avisado, y no queda claro cómo hizo lo que hizo, o cómo el mar permitió que lo hiciera, y crecía un grupo que vuelve a discutir bien entrada la madrugada, y la gestualidad estalla en rabia, y la gritería es tanta que el mar se ensoberbece, arremete contra el Malecón, penetra en las calles, anega, parece el inicio del fin.
Es el fin, porque ahora que ibas a entrar de lleno en esas historias, en la mar de esperanzas y obsesiones y penas, y quizás descubrir qué hay en el Malecón que hay en ti que hay en tantos, Rosa coloca en tu espalda un beso con fuoco e a piacere, sin música. Así que el lector sabrá disculpar si lo abandonas, que en la naturaleza de las islas también cabe de sobra el abandono, pero que Rosa lo ignore todavía.

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